Cada cultura, cada civilización, en tiempo y espacio ha desarrollado sus particulares entornos de aprendizaje.  Han sido diversos. Desde escenarios que comprenden el aire libre, la escuela, fuera de ella, el hogar y hasta los espacios laborales. En nuestra experiencia lo definimos como la interacción implícita donde se dan lugar a procesos de transmisión de conocimiento en formatos tradicionales o digitales, con presencia de barreras tradicionales y modernas.
El concepto de entorno de aprendizaje va inmerso en la definición de la propia cultura que lo comprende. Una mezcla de clases sociales, idiosincrasias, estereotipos, voluntades y espíritu de permanencia o cambio. Todo ello influye en la organización del sistema educativo para continuidad o evolución de las técnicas de enseñanza – aprendizaje.

El estudiante, por tanto, se eleva como el objeto primordial de esta definición. Al margen de la presencialidad y elementos del entorno, sean aulas físicas, salas digitales, situaciones vivenciales, como también los instrumentos para tal fin: materiales educativos y/o dispositivos de aprendizaje en línea; lo importante se centra en el perfil y características de dichos estudiantes, de los objetivos que perseguimos como institución educativa, de las actividades que se desarrollan en el entorno y de las estrategias utilizadas para recabar información de los logros de aprendizaje.